lunes, 22 de abril de 2013

Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom

Comienzo mi andadura en el marcapáginas teniendo un enorme reto por delante, no es ni más ni menos que escribir sobre un libro, da igual el que sea, en la misma sección que mis dos excelsos compañeros de blog que previamente han hecho aportes a dicha sección: Lord Kartman (@escroto_senil) y el Conde de Marsh Mallow (Eduardo Madrid).

Martes con mi viejo profesor.


“-El otro día oí un cuentecillo bonito- dice Morrie. Cierra los ojos durante un momento y yo espero.
<<Bueno. El cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.
-Diós mío esto es terrible –dice la ola-. ¡Mira lo que me va a pasar!
Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola afligida y le dice: ¿Por qué estás tan triste?
La primera ola dice: ¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos¡ ¡Todas las olas nos vamos a deshacer! ¿No es terrible?
La segunda ola dice: “No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar.
Sonrío. Morrie vuelve a cerrar los ojos.
Lo veo respirar, inspirar y espirar, inspirar y espirar.”

En la tapa del libro pone: Un testimonio sobre la vida, la amistad y el amor. Lo quiero resaltar porque estoy totalmente de acuerdo. Sobre todo en la parte de la vida. Está escrito por Mitch Albom un columnista deportivo, y según los redactores, el mejor de Estados Unidos. Se trata de una historia real y biográfica en la que Mitch recupera los encuentros que hacía con su viejo “entrenador” (así llamaba a su profesor de universidad Morrie Schwartz).

El relato comienza con la andadura de Mitch en la universidad, en la recta final de la misma, ya en este momento nos deja entrever la gran relación que mantienen Morrie y Mitch. Sin embargo, la vida de ambos es muy distinta, Morrie es un “entrenador” muy experimentado, con mucha sabiduría. Mitch aún era un chaval, muy interesado en todas las cosas que pudiera contarle, pero muy inexperto y aún con mucho que aprender. Después de la graduación, Mitch promete seguir visitando a Morrie como cada martes habían hecho, sin embargo esto no sucedió.

Mitch es una persona muy capaz, con mucha ambición y eso le lleva a ser el mejor en su campo, pero para ello debe dedicarle casi una vida al completo. En cierto momento, Morrie aparece en una entrevista en televisión y hablando sobre su enfermedad terminal, el ELA. En ese momento Mitch acude a visitarle, para tener una reunión más como las que tenía en la universidad y desde ese momento todos los martes tendrán un encuentro lleno de enseñanzas emotivas y plagadas de frases memorables.

Cada capítulo del libro trata sobre un tema sobre el cual ambos dialogan y exponen sus puntos de vista, ambos muy distintos ya que Morrie se encontraba en una situación muy complicada; sabía que se le acaban los días. Pero es admirable la valentía y vivacidad con la que afronta la enfermedad el profesor, no pierde las ganas de vivir, de pasar tiempo junto a su gente. Tal es su fortaleza que llega a los medios de comunicación y así pudo enterarse de la situación de su “entrenador”, Mitch.

Después de estar más de 15 años sin verse, cada martes van a repasar todos estos años y cómo han ido sus vidas en este tiempo.

“Pregúntame cualquier cosa -decía siempre Morrie. Así que yo escribí esta lista: -la muerte -el miedo -la vejez -la codicia -el matrimonio -la familia -la sociedad -el perdón -una vida con sentido.”

Así fue, todos los encuentros estaban cargados de comida que le llevaba Mitch y lo más importante, de enseñanzas y lecciones. Y sobre todo, de emociones. Quizá sea yo muy sensible pero este libro me removió todos mis sentimientos. Además de hacerme pensar sobre cosas que no nos planteamos y que son de suma importancia.

-         Primer martes: Hablamos del mundo.
-         Segundo martes: Hablamos del sentimiento de lástima por uno mismo.
-         Tercer martes: Hablamos de los arrepentimientos.
-         Cuarto martes: Hablamos de la muerte.
-         Quinto martes: Hablamos de la familia.
-         Sexto martes: Hablamos de las emociones.
-         Séptimo martes: Hablamos del miedo a la vejez.
-         Octavo martes: Hablamos del dinero.
-         Noveno martes: Hablamos de cómo perdura el amor.
-         Décimo martes: Hablamos del matrimonio.
-         Undécimo martes: Hablamos de nuestra cultura.
-         Duodécimo martes: Hablamos del perdón.
-         Decimotercer martes: Hablamos del día perfecto.
-         Decimocuarto martes: Nos decimos adiós.

Los martes cada vez eran más apagados para el profesor, que se iba deteriorando según iba pasando el tiempo, se deterioraba su aspecto y su cuerpo ya que en ningún momento su alma decayó, se mantuvo firme aprovechando hasta el último ápice de su vida. Mitch va cambiando a lo largo de la historia, en un primer momento era una persona que vivía para su trabajo, para el dinero, incluso no hacía demasiado caso a su mujer, pero a partir de estos encuentros empieza a valorar más otras cosas, a tener sentimientos más profundos y a valorar más ciertos aspectos de su vida que habían estado enterrados durante mucho tiempo.


Como dije anteriormente este libro despertó mogollón de sentimientos y muchas cosas que pensasr, realmente estas cosas hacen que un libro te parezca mejor o peor dependiendo de lo que te sientas identificado con la historia. Es decir, puede hablar del desamor, pero si nunca has sentido algo así puede que el libro no te parezca bueno o al menos recomendable. En mi caso, no es que sea un tipo experimentado, pero sí que me ha dado una vuelta de tuerca más a ciertos temas que me inquietan, simplemente por eso, además de la conmovedora historia de fortaleza de Morris hace de Martes con mi viejo profesor un libro muy importante en mi aún breve historial en la literatura. (Como Morris, hay que ver la parte buena de las cosas, y si aún me queda mucho por leer, aún tengo mucho que aprender). Realmente no quiero seguir escribiendo mucho más acerca del libro por si pudiera contar demasiado y consiga justo lo contrario y finalmente no lo leáis, ya que recomiendo a todo el mundo esta magnífica obra. La historia es lo de menos, las vivencias y las enseñanzas del “entrenador” son sencillamente fantásticas.

“-¿Crees en la reencarnación? –Le pregunto.
-Quizás.
-¿En qué forma te gustaría volver?
-Si pudiera elegir, en forma de gacela.
-¿De gacela?
Morrie me sonríe.
-¿Te parece raro?
Observo su cuerpo encogido, sus ropas sueltas, sus pies envueltos en calcetines, apoyados rígidamente sobre almohadones de gomaespuma, incapaz de moverse, como un preso con grillos en los pies. Me imagino una gacela que corre por el desierto.  
-No –Le digo. No me parece raro en absoluto.”

Al final de los días de Morrie, sólo un día recibe visita, el martes. Mitch siempre será su alumno.

“Te diré lo que haremos. Cuando yo esté muerto, tú hablarás. Y yo te escucharé”.

Parte del capítulo séptimo, espero que les guste:

“- Toda esa importancia que se da a la juventud… yo no me la trago –dijo-. Mira, sé lo triste que puede resultar ser joven, así que no me digan que es tan maravilloso. Todos aquellos chicos que acudían a mí con sus penalidades sus luchas, sus sentimientos de ineptitud, su sensación de que la vida era desgraciada, que se sentían tan mal que se querían suicidar…
>> Y además de todas las tristezas, los jóvenes no son sabios. Tienen un entendimiento de la vida muy limitado. ¿Quién quiere vivir todos los días cuando no sabe lo que está pasando? ¿Cuándo la gente te manipula, te dice que si te compras tal perfume serás guapa, o que si te compras tal par de vaqueros serás más atractivo… y tú te lo crees? Es absurdo.

- ¿No tuviste tú nunca miedo a hacerte viejo?- Le pregunté.
- Mitch, yo abrazo a la vejez.
- Es muy sencillo. Cuando creces, aprendes más. Si te quedaras en los ventidós años, serías siempre tan ignorante como cuando tenías ventidós años. El envejecimiento no es sólo decadencia, ¿sabes? Es crecimiento. Es algo más que el factor negativo de que te vas a morir, también es el factor positivo de que entiendes que te vas a morir, y de que vives por ello una vida mejor.
- Sí- dije yo-. Pero si es tan valioso envejecer, ¿por qué dice siempre la gente: <<Ay, si yo volviera a ser joven>>? Nunca se oye decir: <<Ojalá tuviera setenta y cinco años>>.
Sonrió
- ¿Sabes lo que se transluce en eso? Vidas insatisfechas. Vidas no realizadas. Vidas que no han encontrado sentido. Porque si has encontrado un sentido en tu vida, no quieres volverte atrás. Quieres seguir adelante. Quieres ver más, hacer más. No quieres esperar a tener setenta y cinco años.

<<Escucha. Debes saber una cosa. Todos los más jóvenes deben saber una cosa. Si estás luchando siempre contra el envejecimiento, vas a ser siempre infeliz, porque te va a llegar en todo caso>> Y… Mitch. Bajó la voz.
- La verdad es que tú te vas a morir al final.
Asentí con la cabeza.
- No importará lo que te digas a ti mismo.
-Ya lo sé
- Pero espero que eso no pase hasta dentro de mucho, mucho tiempo- dijo.
[…]
- Mitch, ¿Qué piensas?
Hice una pausa antes de responder.
- Bueno –dije-, me preguntó por cómo es que no envidias a las personas más jóvenes y sanas.
- Ah, supongo que las envidio.
Cerró los ojos.
- Las envidio porque son capaces de ir al gimnasio o de ir a nadar. O a bailar. Sobre todo lo de bailar. Pero la envidia me invade, yo la siento, y después la suelto. ¿Recuerdas lo que te dije del desapego? Suéltalo. Decirte a ti mismo: <<Esto es envidia, y ahora voy a apartarme de ella>>. Y te alejas.”

3 comentarios:

  1. Me ha entrado el gusanillo de leerlo. Mañana lo usufructaré de la biblioteca.

    ResponderEliminar
  2. Bueno, ya lo leí.
    Lo muy cierto es que se trata de un libro interesante tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.
    Pero he decir que no me ha atrapado como lo puedan haber hecho otros libros y supongo que esto se debe a que la figura de morrie me ha resultado demasiado "bonita".
    De cualquier manera ha sido una buena recomendación y un libro a tener en cuenta.

    ResponderEliminar