Un gran destello de luz. Es lo que los ojos sin vida
de Alex reflejaron en el momento en el que el dedo índice del
forense apretó el accionador de su DSLR. Cuando aún ardía en ellos
la llama de la vida, una sola mirada podía cautivar a cualquiera que
se cruzase con ella, sin embargo ahora, fijos, con una inmensa pupíla
estrechando el íris, se habian convertido en una imagen bastante
estremecedora.
No había sangre, era eso por lo que, quizás todo
el equipo de investigadores que estaba en la zona estaba tan
nervioso. Numerosos testigos coincidian en que habían visto a un
hombre, de aproximadamente un metro ochenta, con gabardina de cuero,
disparar varias veces una pistola de gran calibre (algunos señalaban
que era una magnum) contra el difunto.